domingo, 18 de febrero de 2018

DE ALBERDI A ZAFFARONI

“De juez de poca conciencia, no esperes justa sentencia.” Es un refrán español que le cabe perfecto a Eugenio Zaffaroni, ex integrante de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y actual magistrado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En declaraciones periodísticas recientes, Zaffaroni afirmó que “desea que el gobierno de Macri termine lo antes posible”. Que cualquiera diga públicamente que quiere que el presidente electo concluya su gestión antes de lo que marca la ley, puede mostrar una ignorancia constitucional o un desprecio a la institucionalidad; pero en el caso de Zaffaroni eso se agrava por el hecho de que lo expresa alguien que integró la última instancia que el poder judicial brinda a la población para asegurar la resolución justa de los conflictos. Al desear que Macri se vaya antes de la presidencia, Zaffaroni atenta contra lo expresado por la Constitución Nacional, la ley Madre. Por esas cosas extrañas que ocurren en Argentina, donde al escarbar surge que unos pocos han estado involucrados en todo, al negar la letra de la Constitución Zaffaroni cuestiona su propio trabajo como convencional constituyente en la reforma de la carta magna en 1.994. Una modificación constitucional disfrazada de variadas cuestiones para ocultar el fin real que era el de permitir la reelección del entonces presidente Carlos Menem, acordado en 1.993 entre él y el radical Raúl Alfonsín en el llamado “Pacto de Olivos”. Entonces, cuando Zaffaroni afirma querer que se acorte el mandato del hoy presidente se cuestiona así mismo, ya que él formo parte de la reforma constitucional que permite la prolongación del mandato presidencial a través de la reelección. A Zaffaroni se lo tilda de garantista; es decir, de ser mucho más proclive a proteger los derechos de los victimarios que el de las víctimas. La prensa publicó declaraciones de él, y, sobre todo, hay fallos del ex juez de la Corte Suprema que confirman eso. En 2011 una organización no gubernamental denunció que en departamentos alquilados por Zaffaroni se ejercía la prostitución, lo que el entonces integrante de la Corte admitió “como posible” en declaraciones periodísticas. En su gestión, a Mauricio Macri se le podrán criticar muchas cosas, y, además, ya se ve la necesidad de que el presidente marque diferencia con el gobierno anterior dejando de proteger a funcionarios que quedan expuestos en situaciones contrarias a la ética, pero en Democracia de ninguna manera se puede aceptar que un ex integrante de la Corte Suprema de Justicia manifieste públicamente su deseo de que un presidente electo se vaya antes. Una buena forma de comprobar si con el paso del tiempo un país evolucionó o involucionó es comparar a personajes y que la gente saque sus conclusiones sobre si la virtud sustituyó al vicio, o al revés. Juan Bautista Alberdi fue el autor intelectual de la Constitución Nacional en 1.853; Eugenio Zaffaroni fue juez de la Corte Suprema de la Nación desde 2.003 a 2.014. Hasta la próxima. Marcelo Mouhapé Furné

domingo, 11 de febrero de 2018

SINDICALISTAS RICOS, SINDICALIZADOS POBRES

Desde que la Justicia inició su avance contra la presunta corrupción en el sector gremial, varios pesos pesados del sindicalismo terminaron presos. En esta situación hay líderes jurisdiccionales, como el caso de los jefes de la UOCRA en La Plata y Bahía Blanca, y titulares máximos de gremios, como el caso de Obreros Marítimos y SOEME. Ahora el apuntado por el poder judicial es el propio Hugo Moyano, uno de los pesos extra pesados del sindicalismo en nuestro país en los últimos 25 años. Para intentar contraatacar al avance de la Justicia, los Moyano movilizaron a su sindicato de camioneros el 21 de febrero en una marcha contra el gobierno nacional. Habrá algunos argumentos de realidad en el reclamo por la caída del poder adquisitivo de los trabajadores por los tarifazos seriales y los aumentos inferiores a la inflación, pero a nadie que está medianamente informado se le escapa que la marcha de la próxima semana es un intento de mostrar poder de movilización como factor de presión para frenar a una justicia que avanza en investigaciones basándose en gran medida por datos del estado, ya sean de AFIP o de la Unidad de Información Financiera, conocida como UIF. Será la Justicia la que deberá hallar pruebas de delitos y condenar por ellos, pero es demasiado evidente que hay enriquecimientos que superan cualquier posibilidad lógica de ser explicados en el marco de la legalidad. Remarcando que debe haber excepciones que confirman la regla, Argentina es un país con jefes sindicales "nacionales" ricos y con sus representados, -empleados sindicalizados-, cada vez más pobres. Es incompatible ser gremialista al mismo tiempo que empresario. Cuando se llega a ser lo segundo se debe dejar de ser lo primero, porque la conveniencia sustituyó a la convicción. Mientras el poder judicial acciona contra los “popes” sindicales, el gobierno nacional busca aprovechar el momento de debilidad gremial para cerrar paritarias bajas. Se insiste con ofrecer una suba salarial de solo el 15 %, y sin clausula gatillo de compensación por la diferencia de eso con la inflación real. Si ocurre esto, teniendo en cuenta el aumento del costo de vida real, impulsado mes a mes por los tarifazos y por la suba de combustibles repetida en un mercado desregulado, -un autocontrol descontrolado-, tendremos que en 2018 los asalariados habrán perdido otro 10 % de poder de compra. Entonces habrá más caída de consumo y eso provocará el cierre masivo de comercios de rubros que siempre quedan relegados ante la lógica prioridad de la alimentación. Hace un mes, -en la editorial “Inflación Recaudatoria”-, me aventuré a pronosticar un 2018 tan recesivo como 2016, y todos los datos económicos producidos en los últimos 30 días confirman ese pronóstico. Los Argentinos queremos una nación con sindicalistas y políticos honestos, pero también con un mercado interno activo y del que participen todos como consumidores; con habitantes con el poder adquisitivo necesario para mejorar su calidad de vida, moviendo así la economía. Equilibrar es difícil, pero necesario; desequilibrar es tan injusto como imprevisible. Hasta la próxima. Marcelo Mouhapé Furné.

domingo, 4 de febrero de 2018

AJUSTE GESTUAL

El ajuste en el estado que anunció el presidente Macri es el gesto del Ejecutivo esperado, aunque debió ser lo primero en hacer antes de bajarle el sueldo a los jubilados. Pero más vale tarde que nunca. Recortar un 25 % de cargos, eliminar el nepotismo y congelar por un año los sueldos, es un mensaje de austeridad propia de un gobierno que al sincerar la economía sin consideración social ajustó demasiado la forma de vivir de los Argentinos. La administración central informó que deben cesar en sus cargos 994 funcionarios. Esto muestra que había demasiados familiares en la gestión Macri. Un pretexto entendible es el hecho de que en 2015 “Cambiemos” se encontró con que debía hacerse cargo de los dos ejecutivos mayores: el nacional y el bonaerense y ahí recurrieron a los parientes. Un dato interesante que aflora de esto es que el “macrismo” prefirió nombrar a familiares antes que cubrir esos cargos con dirigentes radicales. Más allá de las consideraciones políticas, está bien que el presidente Macri haya empezado a actuar contra el principal cáncer de las administraciones estatales: el de favorecer a familiares y amigos con favores que paga el pueblo. Ahora habrá que ver quien lo imita. Alguna vez tenía que empezar la depuración de ñoquis en los gobiernos de nuestro país. Siempre existieron los acomodados. Mayormente, cuando cambiaba el color político del gobierno los nombrados a dedo eran reemplazados por otros de su misma condición, aunque hay casos en donde siguen y se suman los nuevos; esas son las administraciones con estratificación de “ñoquis”. No estuvo bien que en la gestión Macri nombraran familiares y estuvo peor que continuarán, pero hay que reconocer que ninguno de ellos tiene un cargo que afecte la institucionalidad; como si pasó en el gobierno anterior, cuando se designó a la esposa de De Vido como segunda de la SIGEN, organismo que debe controlar los actos de gobierno. A un ministro, -hoy detenido por corrupción-, lo controlaba en la gestión su mujer. Si hay un ejemplo de nepotismo estatal con consecuencias institucionales, es este. Volviendo a lo de Macri, el gesto del ajuste propio es bueno, pero no lo exime al presidente del gran error que cometió al confirmar a Triaca en el cargo. Cómo queda el gobierno ante la violencia de género si mantiene en su puesto a un hombre que se conoce públicamente que maltrató a una mujer ? Y con que autoridad la administración nacional exigirá a los empresarios registrar personal, cuando, según datos del ANSES, el Ministro de Trabajo tuvo tres años en negro, y cuando la blanqueo no le hizo los aportes a una empleada? En cuanto a los políticos en el gobierno, los romanos decían: “no basta con ser honesto. También hay que parecer serlo”. Hasta la próxima. Marcelo Mouhapé Furné.

domingo, 28 de enero de 2018

ERROR DESACELERANTE

Con la victoria en las elecciones de Octubre parecía que el gobierno nacional tenía el camino despejado para hacer todas las reformas pretendidas. La cuestión era cómo se hacían para hacer durar el apoyo popular manifestado en los comicios. Ahí apareció el error. La reforma previsional fue el gran yerro que tuvo repercusiones inmediatas contra el gobierno; pero es muy probable que ese costo se intensifique a lo largo del año y se profundice en el 2019, en vísperas de la elección presidencial. El ajuste estatal hay que hacerlo, pero empezar por bajarle el sueldo a los jubilados cuando hay tanto por donde tocar antes es injusto, y conlleva mucho costo político. Ajustar a los jubilados implica ponerse en contra a ellos y a sus familiares, quienes deben intervenir para ayudarlos a sobrevivir. María Eugenia Vidal fue mucho más inteligente que el presidente Macri en proponer estas cuestiones. En el mismo momento que a nivel nacional trataban la muy resistida reforma previsional, la gobernadora planteó ajustar eliminando jubilaciones de privilegio y dar de baja a 221 cargos políticos. Con esa cobertura, Vidal logró sacar la Ley marco para llevar a cabo la reforma administrativa del estado bonaerense y la modificación del régimen previsional del Banco Provincia. Todo eso sin costo político, al menos mensurable en la opinión pública. Quizá Vidal piense políticamente mejor que Mauricio Macri, pero lo que sí está claro es que a la gobernadora la rodean más políticos que al presidente; a quien acompañan ex CEOs de multinacionales, que de política, sobre todo social, nada saben porque en su función en la actividad privada de ese nivel lo social no cuenta. La resistencia a la reforma previsional basada en el ajuste a los jubilados hizo que Macri perdiera apoyo popular, pero también poder y capacidad para negociar con la oposición y los gremios. Con los primeros tuvo que ir para atrás con su intención de hacer sesionar en extraordinarias al Congreso; y con el sindicalismo, -el más débil de la historia por falta de peso propio y por el descrédito que aflora del avance judicial- el gobierno tuvo que aceptar desdoblar el proyecto de reforma laboral. Una buena acción de la administración central es salir al mundo a buscar inversiones; lo hizo Macri en el Foro Económico Mundial de Davos. Pero para lograr inversores hay que ofrecer condiciones de costos de producción lógicos. La carga impositiva en dos insumos básicos es descomunal: en el gas el 51 % que se paga son tributos y en la energía eléctrica el 63 % de lo que pagamos son impuestos. Bajar el costo productivo reduciendo salarios sería otro error comparable a la reforma previsional para achicar gasto, porque, salvo que sea una empresa manufacturera exportadora con mano de obra barata a niveles de explotación, lo primero que necesita una fábrica es que haya un mercado interno que pueda comprar los productos que elabora. Otra de las cuestiones a tener en cuenta es que el gobierno debe dar ejemplos de que sus funcionarios no tienen prerrogativas; que el presidente y sus ministros y colaboradores tienen que cumplir las mismas obligaciones legales y tributarias que el resto de los Argentinos. Pasó con Aranguren, que tuvo que vender sus acciones en la petrolera donde ejerció de CEO casi un año después de asumir en un ministerio donde firmaría contratos y autorizaría subas de precios de los combustibles, acciones que beneficiarían a la empresa en la que era accionista. Desde lo ético lo del ministro nacional de Energía era incompatible. Cómo también lo es que su par de Trabajo, -Triaca-, siga en el cargo luego de que se difundiera un audio donde maltrata a una empleada, y que investigaciones periodísticas dieran a conocer que tuvo a esa trabajadora tres años en negro y no le hacía los aportes laborales. Hasta la próxima. Marcelo Mouhapé Furné.

domingo, 21 de enero de 2018

EL PAPA ESQUIVO

Hace casi cinco años, en la editorial del 18 de marzo de 2013 titulada “Las Sandalias del Pescador”, hice mención de lo bien que le venía a la Iglesia Católica un Papa como Bergoglio; quien por tener contacto directo con las penurias de los más necesitados iba a actualizar un dogma atrasado y adoptaría la forma de cercanía para predicar; que lucharía contra los curas pederastas; que erradicaría la corrupción bancaria Vaticana; que le daría a la mujer el lugar que le corresponde en el sacerdocio; y que se constituiría en la voz global de los oprimidos proponiendo la equidad social. Francisco empezó bien su pontificado. Dio gestos de humildad, criticó a los curas pedófilos y hasta echó a uno de ellos que se había refugiado en El Vaticano al amparo del Papa anterior, y puso fin a los oscuros manejos del banco Vaticano. El mayor logro como estadista mundial lo tuvo cuando medio entre Cuba y Estados Unidos, un proceso que mejoró muchísimo las relaciones cuasi bélicas que esas dos naciones vecinas tuvieron durante más de medio siglo. Pero, de improviso y por sus propias acciones, el Pontífice empezó a decaer, tanto como gobernante hacía dentro de su estado como el referente global que el mundo esperaba de él. La decadencia del Papa Francisco ante el mundo comenzó con el recibimiento a todo político, dirigente o hasta artista Argentino que iba a El Vaticano a sacarse una foto con él para después presumir, a fin de posicionarse políticamente, o para blanquear trayectorias poco claras. Una especie de indulgencia fotográfica ad hoc. Esas recepciones papales seriales que empezaron siendo inocentes desde lo general, pasaron a ser partidistas cuando Macri se postuló a la presidencia y se agravaron cuando asumió el cargo. Se podrán disfrazar las cosas, pero es obvio que Bergoglio no quiere a Mauricio Macri como presidente. Por eso el Papa no visita nuestro país. Con respecto a la política interna Argentina el Papa utiliza su poder, -ahora mundial-, para amonestar al que no le cierra, como si siguiera siendo el cardenal Bergoglio en sus politizadas homilías de la Catedral de Buenos Aires. Si bien el Papa tiene razón al cuestionar al gobierno actual sobre el aumento de la pobreza en la gestión Macri, es obvio que la crítica excede lo institucional. Con respecto a Mauricio Macri Francisco parecería mostrar rencor, y esa no es una postura que se espera del representante de Dios en la Tierra. Además, Francisco debería pensar en todos los Argentinos, quienes, católicos o no, estaríamos felices de que el primer Pontífice connacional de la historia venga a nuestro país a visitarnos. O la negativa a venir a la Argentina, además de una pose censurante al gobierno es un castigo implícito del Papa a quienes votaron por Macri ? Pero más allá de su posicionamiento con dichos y con su ausencia respecto al gobierno de Argentina, -una actitud particular ya extraña para un dirigente religioso de alcance planetario-, Bergoglio, que hace cinco años llegó a El Vaticano y se convirtió en el Papa Francisco para hacer historia, en su función específica ya empieza a tener más números en el “debe” que en el “haber”. Su ímpetu de cambios dogmáticos es más efectista que eficaz. Quizá la Curia Romana se impuso y logró que Bergoglio deje de ser el Papa necesario, para transformase en otro Papa conveniente. Hasta la próxima. Marcelo N. Mouhapé Furné

domingo, 14 de enero de 2018

INFLACION RECAUDATORIA

El ahora fidedigno INDEC hizo oficial lo que todos sospechaban: que la inflación de diciembre fue muy alta. En el último mes del año pasado tuvo un índice inflacionario del 3,1 %, el más alto de 2017, año en que el costo de vida se incrementó un 24,8 %. La inflación de 2017 superó en un 50 % la previsión que había hecho el gobierno en base a la meta del Banco Central: un 17 %. El papelón de ese pronóstico lo van a repetir este año, pese a la corrección de subir del 12 % al 15 % la meta de inflación que la gestión Macri hizo pocos días después de que aprobarse el presupuesto, -un acto administrativo poco serio-, porque la inflación real para este año rondará el 23 %, Y no será más, porque 2018 será un año tan recesivo como lo fue 2016, en donde el freno a la suba de precios lo va a poner la baja pronunciada de la demanda. El muy alto índice inflacionario de diciembre era lo que se esperaba, porque en el último tramo del año se sumó el impacto pleno de los tarifazos que el gobierno postergó o morigeró por las elecciones, y la suba constante del desregulado mercado de los combustibles, incremento que por su peso en el transporte tiene un efecto de aumento dominó en todo. Argentina es el único país donde aumentan los combustibles, tanto cuando sube como cuando baja el precio del petróleo en el mundo. Tarifazos más suba de un insumo básico con efecto multiplicador, el resultado da más inflación. Algo tan lógico como que el fuego se aviva cuando se le echa nafta. La discusión sobre la inflación en Argentina es como la lucha contra la propia inflación: inconducente. Es un flagelo que no tiene fin por varias cuestiones, entre ellas la histórica mala práctica comercial de remarcar para cubrirse ante cualquier eventualidad, sea ella real o imaginaria. Y en lo técnico, dos cosas en las que el gobierno que esté actúa como actor principal. Es la emisión monetaria sin respaldo la que genera la inflación. Pero en la Argentina no hay gobiernos que sepan administrar el gasto público sin emitir. El otro aspecto es el de la caja. Por el IVA cada producto que uno compra le significa un ingreso automático al estado. Cuanta más inflación hay más fondos ingresan a las arcas estatales. Por eso es qué ningún gobierno aplica planes reales para frenar la inflación; solo hacen maquillajes ligeros, puestas en escena para que la gente piense que hacen algo para beneficiar sus bolsillos, cuando el no hacer nada supone el gran beneficio recaudatorio estatal. Hasta la próxima. Marcelo N. Mouhapé Furné

domingo, 7 de enero de 2018

TEMPORADA DE FIN DE SEMANA

Si bien históricamente la segunda quincena de enero es la de mayor presencia turística, lo que ya se ve en el primer mes de temporada alta es un verano donde la masividad de turistas en los balnearios se da solo los fines de semana. De lunes a viernes la presencia de veraneantes es mucho menor. La causa de esto es que la gente ha perdido mucho poder adquisitivo, y la mayoría de los asalariados con sus familias ya no pueden salir de vacaciones en forma completa: viajar para quedarse diez o quince días en un lugar. Por eso los fines de semana las costas se llenan y al caer la tarde del domingo se vacían mucho. Esto no es nuevo. Se empezó a dar en la etapa final del gobierno de Cristina cuando la voraz inflación superó a las subas salariales, y ya se empezó a marcar una pérdida de liquidez en los trabajadores. Se agravó cuando se produjo el cambio de gobierno con las remarcaciones infundadas y la devaluación. Y se profundizó con los tarifazos. Lo que hoy vemos en el desplazamiento de las masas turísticas es un reflejo de lo que pasó en el año. Mas allá de una leve reactivación de la economía por la postergación o morigeración de los tarifazos y por la aplicación de planes de financiación de compras, la realidad muestra que aún en un año donde el gobierno intervino para que se reactivaran las ventas antes de las elecciones, en el balance final el consumo se retrajo. En el 2018 la perspectiva puede no ser igual a la de 2017, sino incluso peor, muy parecida a la de 2016, el año donde más comercios cerraron en la última década. Esto es porque al no ser este un año electoral, el gobierno no va a necesitar financiar “placebos consumistas”, y porque seguirá el ordenamiento de la economía en base a tarifazos y ajustes. Si a esto se suma que el “macrismo” pretende que las subas salariales sean del 15 %, cuando la inflación real estimada de 2018 será del 20 % para arriba, nos encontraremos con que los asalariados, -que son quienes mueven la economía diaria-, van a tener todavía menos poder adquisitivo; por lo que la rueda del consumo continuará frenándose. Insisto en algo: el gobierno no es malo al hacer lo que hace; hace lo que su matriz ideológica le dice que debe hacer. En ese aspecto, Macri es el presidente más sincero de todos. El tema es que el necesario “sinceramiento de la economía” debió y debe hacerse de una forma que evite que mucha gente quede fuera del sistema y que gran parte del resto pierda calidad de vida. La política de subsidios que aplicó el kirchnerismo para recomponer indirectamente la caída de liquidez salarial ante la creciente inflación, era una herramienta de heterodoxia económica insostenible. Pero no se puede pasar de eso a la ortodoxia económica sustentada en combinar bajos sueldos y altas cargas impositivas y tarifarias, porque ocurre lo que vemos este verano: cada vez más gente con menos dinero para salir de vacaciones, y para vivir dignamente el resto del año. Hasta la próxima. Marcelo N. Mouhapé Furné.