"Tenemos que dar una respuesta honesta y eficaz contra el delito", expresó el nuevo Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Superintendente General Juan Carlos Paggi, quien también hizo mención en la necesidad de mejorar en prevención: “Debemos llegar antes de la comisión del ilícito”, remarcó.
El diagnóstico del Jefe operativo de la Bonaerense se corresponde con la necesidad que muestra la realidad de una provincia asolada por la delincuencia.
La prevención, argumento instrumental de las descentralizadas Policías Comunales, se basa en la disuasión del accionar delictivo en la calle con una mayor presencia de patrulleros y uniformados.
La excusa por la falta de resultados ante la ola delictiva que afectó a Claromecó hace unos días y en estas horas nuevamente a Tres Arroyos, es que no hay ni lo uno ni lo otro: ni los policías ni los vehículos necesarios.
Con respecto a lo último, el de la logística vehicular, el Intendente quiso actuar sobre el déficit provincial comprando cuatro autos para afectarlos a la Patrulla Urbana.
Carlos Sánchez hizo bien, porque todo lo que sume para lograr una mayor presencia de vigilancia en las calles es bueno; pero, a poco de andar, el sistema sacó a la luz problemas de dotación que pueden terminar mal.
Hace 15 días, en una entrevista con el Jefe de la Policía Comunal Capitán Garrido, éste admitió que los vehículos afectados a la Patrulla Urbana carecen del blindaje de vidrios y estructura que si tienen los patrulleros de la fuerza.
Según afirmaciones que surgen de la propia Policía, esta carencia de seguridad en las unidades determinaría que los policías, -o la mayor parte de ellos-, no acepten subirse a estos vehículos. Es por eso que, -en la mayoría de los casos-, el empleado municipal que se desempeña como chofer tiene que cumplir tres funciones en total soledad ante los delincuentes: Manejar, observar y comunicar.
Cuando se lanzó el sistema, el Secretario Municipal de Seguridad aseguró que los empleados municipales no irían solos, sino que siempre los acompañaría un policía. Pero a un mes de trabajo de la Patrulla Urbana afirma que no hay normativas que determinen la obligatoriedad de que en esos vehículos tengan que ir policías.
Hay algo que nos llama la atención. Si a los vehículos de la Patrulla Urbana no se los provee de protección antibalas, lo menos que se debería haber hecho es no identificarlos; que sean unidades de incógnito para que se las confunda con un auto particular cuando recorren la ciudad. Cómo están ahora esos vehículos son blancos móviles, con su ocupante, -o en muy contadas ocasiones sus dos tripulantes-, como potenciales víctimas indefensas.
En los últimos días hubo ilícitos de distintas modalidades: muchos robos contra la propiedad, atracos a repartidores de helados o pizzas, y un nuevo caso de asalto pesadilla violento en perjuicio de un anciano.
Y ante este recrudecimiento de la actividad delictiva, -que nunca deja de tener niveles preocupantes para una localidad tan pequeña-, nos encontramos con una declaración muy preocupante, expresada por el Presidente del Foro de Seguridad, Omar Dalla Zanna, quien ante la consulta de que hará la institución que preside ante esta situación, respondió afirmando que “la gente debe tener mas cuidado y tomar precauciones para evitar ser víctimas del delito”.
Llama mucho la atención que Della Zanna, -quien cuando asumió anunció que el Foro de Seguridad iba a tener los cambios que necesitaba para volver a ser creíble-, retome el discurso del Presidente anterior que tendía mas a salvar la ropa de la policía que a defender los derechos de los tresarroyenses víctimas del delito.
Por datos del propio Ministerio de Seguridad Provincial, Tres Arroyos es el distrito con mayor nivel delictivo en relación a la población del interior bonaerense. Es una realidad innegable que debe tener un tratamiento responsable y resolutivo por parte de todos los que tienen parte en esta problemática.
Ante la inseguridad creciente, la postura de negar lo que pasa para salvar el espacio propio solo obstruye el arribo de las soluciones concretas, y cansa a la gente, víctimas consumadas o potenciales del delito local.
Se crean servicios de seguridad oficiales o municipales, y se cambian nombres en las instituciones de control, pero, lo único que no cambia es la impunidad de la delincuencia para hacer de Tres Arroyos un coto de caza permanente.
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
viernes 20 de febrero de 2009
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