Cada vez que hay una crisis económica surgen otras situaciones críticas que en épocas de bonanza se disimulan.
Las crisis que más se notan son las masivas, las que afectan al grueso productivo, industrial, comercial y de servicios y son las que determinan cierres de fábricas, negocios de todo tipo y desempleo.
Hay otras más permanentes que por ser sufridas por sectores que no derraman en la economía general o en forma individual pasan más desapercibidas: como la pobreza, la inseguridad o sanitarias que aparecen con epidemias.
Pero hay una forma de crisis que se da en todos los casos y es, por acción u omisión de sus actores, la gran responsable de todos los males que estallan en situaciones cuasiterminales; algo que hemos vivido muchas veces y en la última ocasión hace pocos años: esa variable de déficit constante es la crisis de representatividad.
Nuestros representantes político institucionales no nos resuelven ningún problema de fondo cuando este se produce, no definen una estrategia de productividad sustentable, cuando hay crecimiento este no se traduce en desarrollo inclusivo, no prevén contingencias externas, generan conflictos internos y, ante el hecho consumado del efecto dominó de la crísis global no aplican medidas reales morigerantes y reactivantes.
Solo aparecen emergencias como la agropecuaria que demora el pago de impuestos, -los que después se cobran con intereses-, y que descalifican al supuesto beneficiario como sujeto de crédito, imposibilitándolo así de seguir produciendo.
El pedido de la gente para evitar el corte de la cadena de pagos ante la pronunciada baja de la actividad económica no encuentra eco en la clase político dirigencial.
Mientras a través de los medios la ciudadanía ejerce el derecho constitucional de peticionar a las autoridades instrumentar acciones para evitar otra crisis social como la del 2.001, la respuesta de los políticos es de exclusivo interés electoralista.
Pareciera que el único problema del país es con quien el oficialismo encabeza la lista de candidatos a Diputados Nacionales, o quien agrede más al otro en la pelea entre los sectores de la oposición.
En una situación de crisis general, como la que estamos sufriendo, debería haber herramientas que funcionaran instantáneamente.
Hay cargas impositivas que no se pueden seguir manteniendo, sobre todo algunas que, por sentido común, nunca debieran haber existido, como la renta presunta.
Las retenciones, por lo menos, deberían tener una baja proporcional a la suba de los costos de implantación de los cultivos a los que se les aplica, para mantener la rentabilidad al sector que mueve las economías regionales como la de Tres Arroyos.
En nuestra provincia no deben cobrarse anticipos a ingresos brutos sobre presunciones de lo que se va a ganar en un año de vacas flacas, basándose en el promedio de ingresos de un año de vacas gordas.
Estas son las cosas que nuestros representantes políticos en las instituciones deben plantear como de necesidad y urgencia para resolver.
Pero, sin embargo, no vemos desde los tres niveles del Estado esa necesaria urgencia para buscar salidas a la coyuntura. En Tres Arroyos hay ejemplos de instituciones que si actuaron.
La Cámara Económica propuso crear una Comité de Crísis y solicitó a la Presidente que se declare en emergencia económica no solo al sector agropecuario, sino también al del comercio, industria y servicios. Carlos Sánchez aceptó con rapidez constituirlo, pero vemos que se demoran las reuniones ante una situación en la que debería deliberar casi a diario.
CELTA realizará obras de iluminación en cinco distritos de la región y como idea para reactivar el sector metalúrgico hará construir las columnas en empresas locales.
El Ejecutivo aceleró todos los trámites para lograr la mayor cantidad de obras financiadas por el Estado Nacional, lo que servirá para que Tres Arroyos tenga fondos circulando en un año de paro general.
Pero mientras vemos que el Intendente, la Cámara Económica y la CELTA hacen cosas para atenuar la situación crítica, con sorpresa notamos que el Concejo Deliberante, que es la institución que debe representar a todos, parece que no se enteró del contexto negativo.
La crisis que afecta a Tres Arroyos y que motivó una multitudinaria asamblea de vecinos días atrás en El Fanal, debería haber tenido una sesión especial de nuestros legisladores municipales.
Sin embargo eso no ocurrió.
La crisis de crisis es de representatividad, y la sufrimos todos.
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
sábado 11 de abril de 2009
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