sábado 4 de abril de 2009

MENSAJES PÓSTUMOS

El 31 de marzo de 2.009 es una fecha determinante en la vida institucional democrática de Argentina.
Ese día murió el doctor Raúl Ricardo Alfonsín; y en el mismo momento nacieron dos mensajes suyos, -ambos para la clase política-, y uno del Pueblo, que con su presencia multitudinaria, silente, emocionada y respetuosa ante su féretro, expresó a todos los políticos al honrar la trayectoria institucional del primer Presidente de nuestra Democracia actual.
Cómo todos los Presidentes, en su gestión Alfonsín tuvo aciertos y errores.
Y cómo todos los líderes, tuvo, tiene y tendrá sus defensores que resaltan sus logros y explican sus yerros exponiendo atenuantes; y siempre habrá acusadores que señalan sus desaciertos acentuando agravantes.
Pero el motivo de esta editorial no es analizar su administración desde lo hecho, sino desde lo que Alfonsín siempre representó, y que la gente manifestó ante su muerte.
En el ciclo institucional actual de Argentina hubo un tiempo en donde la ciudadanía sintió que la democracia no era un rótulo vacío de contenido constitucional, sino el ejercicio pleno de la forma representativa, republicana y federal. Ese fue el tiempo donde al país lo gobernó Raúl Alfonsín.
El doctor Alfonsín fue el garante de la presente Democracia en el tiempo crítico donde necesitábamos que alguien nos garantizara que no volveríamos a perder la libertad.
En aquel entonces y hoy, -ya fallecido-, hay algo que destaca al Alfonsín Presidente por sobre todas las cosas. Y fue que hizo sentir a los Argentinos como parte integrante de la democracia.
Después de Alfonsín, nunca más nos hicieron sentir partícipes del Estado. Tras Alfonsín, el Poder siempre nos trató como convidados de piedra. Solo números electorales o contributivos, siempre obligados a deberes y rara vez beneficiarios de derechos.
El mensaje de la trayectoria de Alfonsín destacada por la gente al despedirlo, es que el político que vuelva a hacer sentirnos cómo incluidos en el proyecto de nación tendrá el electorado a su favor.
El otro gran mensaje de Alfonsín es de carácter partidario.
Cómo gran estratega, notó que en realidad al único opositor que el oficialismo le teme es a Julio Cobos. Y vio en él al dirigente que puede normalizar a la Unión Cívica Radical para devolver al partido centenario a su posición central en la política Argentina.
El país necesita de un radicalismo fuerte. Un partido opositor que controle eficazmente al ejecutivo, y una alternativa de gobierno potable.
En alguna oportunidad hemos remarcado la diferencia que hay entre el radicalismo del interior, más lógico y consustanciado con el contexto de la realidad cotidiana, y el provincial y el nacional, donde sobreabundan los personalismos, los celos, la falta de renovación dirigencial y la tendencia a cambiar las convicciones por las conveniencias de la coyuntura política del momento.
Es fácil seguir el camino marcado, pero sólo siguiendo tu propio camino acabarás dejando huella.
El doctor Raúl Alfonsín, quien transpiraba institucionalidad, dejó su huella marcada en la historia Argentina en general y en particular en la de la Unión Cívica Radical.
El Pueblo, al homenajearlo como lo hizo, reconoció sus virtudes.
Habrá que ver si la clase política entiende el mensaje de que solo siendo virtuosos como actores institucionales, pueden volver a ganarse el respeto y la confianza de la gente.
Hasta la próxima.

Marcelo N. Mouhapé Furné.