Salvo muy raras y contadas excepciones, -que no hacen más que confirmar la regla-, nuestros gobernantes aplican la política del bacheo de apuro para deslindar responsabilidades, al quedar en evidencia pública por su incapacidad para resolver los problemas que la gente necesita que solucionen.
La inseguridad es el ejemplo mas claro de esta forma de hacer política instrumental basada en reacciones espasmódicas.
Días atrás, en Valentín Alsina, un adolescente de 14 años mató a tiros a un padre de familia. Los vecinos de la víctima reaccionaron golpeando a un Fiscal, el que terminó en un Hospital.
Esta última parte marca la diferencia en la mediatización de un acto repetido. Aunque no trascienda, casi todos los días un menor mata a un mayor en ocasión de robo. Pero nunca antes habían intentado linchar a un funcionario judicial.
Todo acto de violencia es repudiable, y por eso rechazamos la golpiza que sufrió el Fiscal.
Pero hay algo que es imposible obviar; esos vecinos hicieron eso porque están desesperados. Viven en un estado de indefensión tal que no saben en que momento alguien, un menor o un mayor, les quitará la vida, los secuestrará, les violará una hija, los asaltarán, les robaran el auto o en su vivienda.
Además, este asesinato motivó una marcha masiva en el Obelisco. Otra movilización popular más pidiendo seguridad y justicia.
Cuando la gente sale a la calle a pedir, muestra que el sistema del Estado, compuesto por los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, falló.
Y cuantas veces van que el Pueblo marcha por la inseguridad ?
Muchas. Hace cinco años Blumberg movilizó a centenares de miles exigiendo seguridad.
Y en 2.004 la respuesta de la clase política fue la misma que hoy: prometer soluciones a futuro, con modificación de leyes mediante.
En aquel entonces, los políticos entendieron que había que desactivar el fenómeno Blumberg, porque reunía demasiadas adhesiones. Y esto se logró dándole el gusto de sancionar las leyes de mano dura que él pedía.
Algo se resolvió con esas nuevas normas?
No. Hoy estamos mucho más inseguros que hace cinco años.
A diez semanas de las elecciones, el crimen en Valentin Alsina obliga al Gobierno Nacional a buscar aprobar en tiempo récord un proyecto de Ley que el mismo bloque oficialista venía cajoneando: El de un nuevo régimen penal para menores a nivel nacional, que incluye bajar su imputabilidad a 14 años.
En esencia, está bien imputar a un menor de 14 años un hecho que efectivamente cometió. Pero esa modificación a la Ley debe estar acompañada por la infraestructura necesaria para reencausar a ese victimario menor, si es que puede ser recuperado.
Y si es imposible esto, también deberá contarse con un Servicio Penitenciario en las condiciones que se requieren para alojar a alguien que no puede estar en libertad porque es un peligro para la comunidad.
Lo antedicho es la síntesis de la actuación ante las consecuencias, pero además, y de una vez por todas, los gobiernos tienen que actuar sobre las causas de la inseguridad.
Lo primero que hay que preguntarse es porque un chico tiene su vida tan destruida que a los 14 años es capaz de matar.
Donde estuvo el Estado, en su conjunto, para reencausar a ese delincuente precoz y evitar que termine siendo un asesino?
Ese adolescente no fabricó el arma con la que quitó una vida, alguien se la dio para robar un auto. Se acuerdan de que se haya detenido a un individuo o un grupo de aquellos que utilizan a los menores para delinquir? No. Evidentemente alguien con poder protege a estos proxenetas de la delincuencia juvenil.
Todos los menores que terminan asesinando están drogados, fundamentalmente con “Paco”. Puede haber tanta droga disponible en la calle sin alguien con poder para liberar zonas de los controles?
Nada va a cambiar, si nosotros, -las víctimas de la inseguridad-, no exigimos a nuestros muy bien pagos gobernantes nacionales, provinciales y municipales, soluciones integrales ante la creciente inseguridad delictiva.
Si no les hacemos llegar la exigencia, habrá otras muertes a manos de chicos, otras marchas, otras leyes penales de apuro para evitar perder votantes, y otra oportunidad desaprovechada para lograr que nuestros representantes nos den la seguridad que merecemos.
El día que la democracia nos da para exigir, es el 28 junio.
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
viernes 17 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada