En su visita de días atrás, el rabino Bergman nos hizo reflexionar.
En la conferencia de prensa y, luego, en su exposición ante mil personas en El Fanal, dijo muchas verdades.
Graficó la forma de ser individualista y de tendencia facilista que nos ha convertido en un país donde al que cumple la Ley se le toma como idiota, y vivo al que la transgrede.
Hizo mención a algo que remarcamos en este mismo espacio varias veces en los últimos años; y se trata de que el verdadero problema de Argentina no pasa por las crisis económicas coyunturales o las permanentes institucionales, sino por la degradación sociocultural.
Bergman afirma que los Argentinos somos discapacitados cívicos, y los hechos así lo demuestran.
Afirmamos en la queja que somos ciudadanos con derechos, pero nunca asumimos la responsable obligación de ese rol que es vital para darle contenido a la Democracia.
Solo nos limitamos a la función de electores cada dos años. Y una vez hecho esto nos refugiamos en el papel de víctimas del sistema; un sistema que nos es ajeno por nuestro desinterés en participar.
La creciente minoridad en riesgo, -que se verifica en todas las clases sociales-, no es una plaga bíblica; es una consecuencia de la ausencia de los mayores como referentes de autoridad.
Bergman fue claro al decir: "No tenemos que ser amigos de nuestros hijos, ellos esperan que seamos sus padres y nos exigen, respeto, autoridad y límites claros".
La Argentina de los últimos quince años es un país donde mientras crece exponencialmente el número de progenitores, se reduce la cantidad de padres.
No es igual dar comida que alimentar, y no es lo mismo una casa que un hogar. La diferencia de esto, para la formación de un chico determina su futuro.
El problema de la Argentina no está en la generación hoy adolescente, está en nosotros los mayores. Somos nosotros los que creamos las normas para incumplirlas a los ojos de nuestros hijos en el momento que necesitan ver buenos ejemplos.
Después, cuando la falta de límites provoca situaciones graves, nos rasgamos las vestiduras y recurrimos al viejo recurso de la culpa ajena al conformarnos con un: “Pero como vienen los chicos de ahora, no respetan a nada ni a nadie”.
Y la pregunta es: de donde vienen esos desbordados chicos, de un OVNI que los trae para martirizarnos, o de nuestras propias vidas, porque nosotros los engendramos?
Cuando un nene tiene padres que se comportan con él como amigos, ese pequeño no tiene compinches en la casa, ese chico tiene una vida de huérfano con la necesidad habitacional resuelta.
Para concluir con este comentario, vamos a referirnos al tiempo electoral que vivimos.
Elegir a nuestros representantes es un acto trascendente, y que nos debe obligar a ser responsables en la interpretación de los hechos, las actitudes y las propuestas de todos los candidatos.
Si en este marco, vemos que la forma de captar votantes, -aceptada por los postulantes y por los electores-, es la de satirizar a los políticos que van a decidir nuestras vidas en un programa televisivo cómico, estamos realmente muy mal.
El rabino Bergman señaló que: "No podemos cargar a nuestros hijos con la mochila del país que no nos animamos a intentar”, y es tal cual.
Todo cambio comienza cuando se toca fondo; y en lo sociocultural estamos tocando fondo. Es muy urgente y necesario que nos repensemos como Argentinos.
“Serás lo que debas ser, o sino, serás nada”.
Lo dijo el General San Martín, un Prócer de la Patria. En el tiempo donde teníamos próceres, y sentimiento patriótico.
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
sábado 27 de junio de 2009
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