“No podemos pasar otros cuarenta años hablando de los cuarenta años pasados”; frase célebre de la película española “Solos en la madrugada”, que hablaba sobre la necesidad de construir una nueva sociedad, tras casi cuatro décadas de la dictadura franquista.
En estos días resurgió el tema de la violencia escolar con un caso de una madre y su hijo que apalearon al director de una escuela de Pergamino, y a eso se sumaron episodios similares en varias escuelas del país, entre ellas en la Nº 3 de nuestra ciudad.
En Tres Arroyos, al caso de mención le preceden peleas dentro de los establecimientos, -incluso una filmada que subimos a nuestra web-, o riñas a las salidas, que incluyeron a un adolescente apuñalado, y a un grupo de menores portando armas para dirimir diferencias con un par.
Quizás en la escuelas se verifiquen muchas situaciones conflictivas porque es el lugar donde colisionan dos autoridades sobre el alumno, la formativa de los padres y la instructiva de los docentes, pero la violencia no está circunscripta a uno o a pocos ámbitos de la sociedad Argentina, está enquistada en ella. Física o psicológicamente, y con mayores o menores consecuencias, está por todos lados.
Hace cuatro meses, en otra nota de opinión como ésta, hablamos de la violencia callejera que le costó la vida a un joven que había venido desde Bariloche. Pero en cada ámbito gregario de la comunidad se pueden encontrar rasgos o actos de irascibilidad e intolerancia.
Mencionamos que, a nuestro modesto entender, la causa de ésta transformación en una sociedad violenta en democracia, se debe a políticas sociales, educativas y laborales aplicadas durante los 90’ que apuntaron a dominar en base a la desvalorización de la familia como célula de contención formativa.
Hoy, la pregunta es como paramos ésta involución social, y a partir de allí la revertimos?
No hay una respuesta única, porque las soluciones para una sociedad violenta no las puede dar una persona, sino que deben construirse con el aporte de todos y cada uno de los que la componemos.
Lo primero y principal es reconocer la existencia del problema. Nadie puede curarse si primero no admite estar enfermo.
Y a partir de allí, actuar, pero en serio, participando desde uno mismo y exigiendo a nuestros representantes políticas activas que se ajusten a la cambiante realidad social, y que tengan el financiamiento que se requiere para lograr resultados concretos.
No podemos seguir por años horrorizándonos de lo que nos pasa, sin hacer nada para evitar que siga pasando.
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
sábado 1 de octubre de 2011
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