En 36 horas, en cinco accidentes vehiculares, hubo 22 muertos, la mitad de ellos niños, y decenas de heridos.
En San Luis, un tren de carga embistió a un micro que transportaba alumnas de un colegio religioso. Hubo ocho muertos, entre ellos seis nenas. En Chacabuco, un camión chocó a una combi, y dejó un saldo de 8 fallecidos, entre ellos 5 niños. En San Nicolás, dos camiones colisionaron en la ruta 9: 2 víctimas fatales. Más cerca, en Gonzales Chaves chocaron dos autos, provocando un muerto y un herido grave. Y en Coronel Pringles, la colisión fue entre un camión y un auto con el resultado de tres víctimas fatales.
El accidente de San Luis tiene puntos de contacto con otros que se produjeron también éste año, y no solo porque involucró a trenes, sino porque hay una criminal desidia humana que provoca la tragedia.
En febrero pasado cuatro personas murieron cuando dos trenes colisionaron en las inmediaciones de la estación San Miguel. Luego se comprobó que en el mismo momento del choque, el maquinista estaba distraído enviando un mensaje por su celular.
El 13 de septiembre en el barrio porteño de Flores un tren chocó con un colectivo cuyo conductor cruzó las vías obviando una barrera baja. El saldo fue de 11 muertos y más de 200 heridos.
En la tragedia de San Luis, según testigos, el chofer no advirtió los gritos del pasaje sobre la cercanía del tren al tener los oídos tapados porque escuchaba música con audífonos.
A la irresponsabilidad humana, se suman cuestiones de infraestructura básica ausente que contribuyen a que se produzcan éstos accidentes.
La gran mayoría de los cruces de vías por rutas o en ciudades carecen de las mínimas medidas de seguridad.
En cuanto al estado de las carreteras, ya no sorprende tanto el número de choques sino el hecho de que no se produzcan más en rutas que son meras calles urbanas con doble circulación.
Lamentablemente, en la elección reciente se perdió una gran oportunidad de tratar el déficit de la infraestructura vial de nuestro país. Quizás, el hecho de que los políticos más encumbrados viajen en avión o por helicóptero, y por ende el desastre que es la red vial no los afecta, hace que no tengan como objetivo prioritario resolverlo.
Habrá que empezar de nuevo, y desde las bases. En ciudades como la nuestra, atravesada por dos rutas, tendremos que insistir para que el Intendente y el Concejo Deliberante busquen sumar esfuerzos con distritos vecinos para presionar, en el buen sentido de la palabra, a Provincia y Nación, a fin de que la mortal Ruta 3 se transforme en una autovía entre Buenos Aires y Bahía Blanca.
Se estiman que con dobles carriles de circulación diferenciada y separada, se evitarían 8 de cada 10 accidentes que hoy se producen.
Argentina es el país con más muertos en accidentes en relación a su densidad poblacional. No es casualidad, sino causalidad.
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
sábado 5 de noviembre de 2011
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