En la editorial del 26 de abril pasado, titulada “Estrategia K”, mencionamos lo siguiente:
“Allí, donde se concentra el poder, lo que interesa es la pelea interna de los pesados del gabinete: Alberto Fernández y Julio De Vido.
En ese combate cuerpo a cuerpo, el conflicto del campo vino de perilla para usarlo como disparador de acciones que conducen a encerrar al Jefe de Gabinete.
Guillermo Moreno es la cuña preferida de Néstor Kirchner, y la que él utiliza para desgastar la imagen de Alberto Fernández, haciendo que el Secretario de Comercio incumpla lo que el Jefe de Gabinete acuerda con los dirigentes rurales.
Cuanto puede durar un jefe de gabinete en esta situación ?
Esa pregunta que hacíamos hace exactamente tres meses en esa editorial que hablaba de la estrategia interna de Néstor, tuvo su respuesta hace pocos días, cuando Alberto Fernández presentó su renuncia.
Con el apoyo del mandamás absoluto, y usufructuando el conflicto con el campo, De Vido le ganó la interna a Alberto Fernández.
Los reemplazos muestran dos cosas.
Primero que Néstor Kirchner no resignó poder y sigue siendo un ex Presidente en funciones. A Massa lo puso él, porque el candidato de Cristina era Randazzo y el intermedio era el Senador Nicolás Fernández.
Y segundo que De Vido quedó siendo el Jefe de Gabinete no nombrado, ya que Cheppi, el nuevo Secretario de Agricultura, es de su tropa.
Otra de las cuestiones que si le salió al Gobierno en su puja, creo que creada a propósito con el campo, fue la de derivar la culpa al blanquear situaciones que sin chivos expiatorios le significaría un costo político general mucho mayor.
Y es el de la suba de la inflación muy superior al promedio del año pasado que se produjo durante los últimos cuatro meses, de entre el 25 y el 30 % real en alimentos y combustibles.
Esa brecha que separaba al índice del costo de vida creciente al nivel que tiende a la estanflación, no lo habría podido soportar el gobierno con una opinión pública con los ojos solo puestos en él. Aprovechó el conflicto y le echó la culpa del aumento de los precios a los cortes de ruta. Y en la mayor parte del país, donde la prensa nacional que desinforma no tiene un contrapeso de un periodismo local esclarecedor, eso se creyó.
Pero lo que le falló a la estrategia K fue la construcción política de la elección pasada. El transversalismo de la Concertación Plural, creada por Néstor para dividir a la oposición, se le vino en contra.
Que ironía del destino. Un ex Presidente peronista con la sartén por el mango en el ejecutivo nacional y en lo partidario, terminó cocinado por un radical, el partido que más sufrió por la cooptación K.
Pero tampoco esto es nuevo. Ya pasó pero a la inversa, y con el mismo protagonista en lo que a cargo respecta.
Recordemos que la debacle de gobernabilidad de la Alianza en el Gobierno del radical De La Rúa, comenzó con la renuncia del Vicepresidente Carlos “Chacho” Alvarez, un peronista.
Está claro. Tampoco en política se puede mezclar el agua con el aceite.
A la ciudadanía no comprable por la vía del asistencialismo, que es aquella que vive en ciudades como la nuestra, no le gustan estos combos de oferta electoral.
La mejor prueba de ello pasó en Tres Arroyos. El no que Sánchez le dio a los K tras un año de cortejo amoroso para pasarse, y la negativa de Aprile a meter la boleta del Frente para la Victoria en los sobres propios, implicó que el Movimiento Vecinal fuera a los comicios del 2.007 solo; como debe ser.
Y el resultado fue que el vecinalismo logró la mejor elección de su historia.
De esos 18 mil votos obtenidos por el oficialismo hubo muchísimos que lo apoyaron solo porque respetó sus convicciones; porque a la gestión de Sánchez hace un año había tantas cosas que reprocharle como ahora. Incluso la inseguridad era peor que la actual.
La clase política en general va agotando los créditos que el Pueblo le sigue dando. El de las ofertas electorales combinadas es uno de esos cheques en blanco que nunca mas se otorgaran.
Hay que entender que los países con democracias republicanas en serio, o son bipartidistas o a esos dos partidos se le suman un tercero de minoría y otras pocas representaciones estaduales.
En Argentina ocurre lo contrario. Hay innumerable partidos, que en la práctica no son alternativas de cambio, sino que se forman a partir de desprendimientos de los ya existentes. Eso solo le sirve a los que viven de la política; no a la ciudadanía en general.
Necesitamos pocos partidos, que se autorespeten ideológicamente y con gente nueva convencida que el llegar a un cargo público es para servir al Pueblo, no para servirse de él.
Hay que volver a las fuentes.
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
sábado 26 de julio de 2008
sábado 19 de julio de 2008
LA MADRUGADA QUE GANÓ ARGENTINA
Las ironías de la generalmente sórdida política Argentina a veces deparan muy gratas sorpresas.
Históricamente las madrugadas fueron aprovechadas por las legislaturas para aprobar leyes que causaron estragos en el Pueblo.
Siempre se hizo así; hasta la del 17 de julio de 2.008, cuando un ciudadano Argentino honró su cargo, y con un NO impulsó el freno de una injusticia, apaciguó una crisis social, y renovó la confianza de la gente en su representación político-institucional.
Cobos lo hizo.
El Vicepresidente de la Nación, como titular del Senado, dio una lección general sobre muchas cosas.
Mostró que no todos los políticos son comprables.
Que no se necesita ser violento para demostrar coraje.
Y que se puede estar en el máximo nivel del poder sin dejar de percibir las diversas realidades del llano.
En la editorial del 10 de mayo, denominada “La hora de los Intendentes”, mencionamos que la única forma de vencer al Kirchnerismo era meter una cuña dentro de él; porque estaban acostumbrados a confrontar hacía afuera, pero no sabían cómo manejar las crisis internas.
Y fue así.
Cobos, integrante de la Concertación Plural que Kirchner armó para debilitar a la oposición y ganar con amplitud, fue la cuña interna desestabilizante que mencionamos en esa nota de opinión.
Desde una soledad casi absoluta, -lo que potencia su valor-, Julio César Cobos también le puso coto a una forma de hacer política nefasta para el objetivo de un Pueblo que necesita del consenso, que surge del disenso tolerante y constructivo; nunca de la confrontación permanente.
Ese NO que definió el rechazo a las retenciones móviles, -lo que obligó a la Presidente a derogar la resolución 125-, le señaló a los Kirchner que el hegemonismo despótico ya no se tolera, y que el Legislativo ya no acepta ser un instrumento legitimador de los actos avasallantes del Ejecutivo.
Los grandes medios nacionales, -que en algunos casos fueron muy funcionales al Gobierno al desinformar-, recrean la eterna antinomia divisora Argentina, poniendo a Cobos como héroe o traidor.
No es un héroe, y mucho menos un desleal.
El Vicepresidente de la Nación es un político que voto honrando el compromiso que asumió con todo el Pueblo al tomar su cargo.
Que enfermo de autoritarismo obsecuente está el oficialismo que tilda de traidor a un representante popular que cumplió con su deber.
En la editorial del 31 de marzo pasado, titulada “Cuando las bases se rebelan”, decíamos que la única forma de que el campo se haga sentir en la magnitud que la coyuntura lo requería, era yendo a la Capital Federal, porque ese es el único lugar que el Poder central teme que le copen.
Y fue así.
Los 225 mil asistentes al acto de Palermo fueron claves para que el Senado comenzará a cambiar de opinión sobre a quien apoyar.
Creemos que la Presidente está debilitada desde lo político y partidario, pero no en lo institucional, porque cumplió su promesa de respetar lo que resolviera el Congreso, y derogó la resolución 125.
Hoy, al darse cuenta de que nadie externo a su entorno quería destituirla con un golpe de estado, quizá comprenda que el Pueblo no está contra ella.
Pero debe hacer algo más que dejar sin efecto una medida técnica económica para restablecer el vínculo con la ciudadanía.
Lo primero que tiene que entender la Señora Jefe de Estado, es que debe gobernar Cristina Fernández, sin el “de Kirchner”. Y que la Presidencia de la Nación no es un bien ganancial.
Si, en lo institucional, se divorcia de su esposo vamos a ganar todos; porque si hay alguien que le ha hecho mal a su gestión es Néstor Kirchner; que debe ser el Presidente del Partido político oficialista, no un co-regente en el mando.
Señora Presidente, relance su administración y empiece a gestionar.
Sáquese de encima la presión de la partidocracia que propone su marido, y a los funcionarios y rémoras que se pegan a su poder y que la desacreditan con la sola presencia.
Apóyese en el Vicepresidente e imítelo.
Porque, el día que las actitudes cómo la de Cobos sean la regla, y no la excepción, será cuando verdaderamente vivamos en la democracia republicana a la que debemos aspirar.
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
Históricamente las madrugadas fueron aprovechadas por las legislaturas para aprobar leyes que causaron estragos en el Pueblo.
Siempre se hizo así; hasta la del 17 de julio de 2.008, cuando un ciudadano Argentino honró su cargo, y con un NO impulsó el freno de una injusticia, apaciguó una crisis social, y renovó la confianza de la gente en su representación político-institucional.
Cobos lo hizo.
El Vicepresidente de la Nación, como titular del Senado, dio una lección general sobre muchas cosas.
Mostró que no todos los políticos son comprables.
Que no se necesita ser violento para demostrar coraje.
Y que se puede estar en el máximo nivel del poder sin dejar de percibir las diversas realidades del llano.
En la editorial del 10 de mayo, denominada “La hora de los Intendentes”, mencionamos que la única forma de vencer al Kirchnerismo era meter una cuña dentro de él; porque estaban acostumbrados a confrontar hacía afuera, pero no sabían cómo manejar las crisis internas.
Y fue así.
Cobos, integrante de la Concertación Plural que Kirchner armó para debilitar a la oposición y ganar con amplitud, fue la cuña interna desestabilizante que mencionamos en esa nota de opinión.
Desde una soledad casi absoluta, -lo que potencia su valor-, Julio César Cobos también le puso coto a una forma de hacer política nefasta para el objetivo de un Pueblo que necesita del consenso, que surge del disenso tolerante y constructivo; nunca de la confrontación permanente.
Ese NO que definió el rechazo a las retenciones móviles, -lo que obligó a la Presidente a derogar la resolución 125-, le señaló a los Kirchner que el hegemonismo despótico ya no se tolera, y que el Legislativo ya no acepta ser un instrumento legitimador de los actos avasallantes del Ejecutivo.
Los grandes medios nacionales, -que en algunos casos fueron muy funcionales al Gobierno al desinformar-, recrean la eterna antinomia divisora Argentina, poniendo a Cobos como héroe o traidor.
No es un héroe, y mucho menos un desleal.
El Vicepresidente de la Nación es un político que voto honrando el compromiso que asumió con todo el Pueblo al tomar su cargo.
Que enfermo de autoritarismo obsecuente está el oficialismo que tilda de traidor a un representante popular que cumplió con su deber.
En la editorial del 31 de marzo pasado, titulada “Cuando las bases se rebelan”, decíamos que la única forma de que el campo se haga sentir en la magnitud que la coyuntura lo requería, era yendo a la Capital Federal, porque ese es el único lugar que el Poder central teme que le copen.
Y fue así.
Los 225 mil asistentes al acto de Palermo fueron claves para que el Senado comenzará a cambiar de opinión sobre a quien apoyar.
Creemos que la Presidente está debilitada desde lo político y partidario, pero no en lo institucional, porque cumplió su promesa de respetar lo que resolviera el Congreso, y derogó la resolución 125.
Hoy, al darse cuenta de que nadie externo a su entorno quería destituirla con un golpe de estado, quizá comprenda que el Pueblo no está contra ella.
Pero debe hacer algo más que dejar sin efecto una medida técnica económica para restablecer el vínculo con la ciudadanía.
Lo primero que tiene que entender la Señora Jefe de Estado, es que debe gobernar Cristina Fernández, sin el “de Kirchner”. Y que la Presidencia de la Nación no es un bien ganancial.
Si, en lo institucional, se divorcia de su esposo vamos a ganar todos; porque si hay alguien que le ha hecho mal a su gestión es Néstor Kirchner; que debe ser el Presidente del Partido político oficialista, no un co-regente en el mando.
Señora Presidente, relance su administración y empiece a gestionar.
Sáquese de encima la presión de la partidocracia que propone su marido, y a los funcionarios y rémoras que se pegan a su poder y que la desacreditan con la sola presencia.
Apóyese en el Vicepresidente e imítelo.
Porque, el día que las actitudes cómo la de Cobos sean la regla, y no la excepción, será cuando verdaderamente vivamos en la democracia republicana a la que debemos aspirar.
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
viernes 11 de julio de 2008
MAGNICIDIOS INSTITUCIONALES
Juan de Mariana, fue un teólogo jesuita español que vivió hace cinco siglos; quien, -entre otras muchas cosas-, dijo lo siguiente:
“La república, verdaderamente llamada así, existe si todo el pueblo participa del poder supremo; pero de modo tal que las mayores magistraturas se encomienden a cada uno según su virtud y mérito.
Pero cuando los cargos de un Estado se reparten por elección sin discernimiento profundo, y llegan todos, -buenos y malos-, al poder, entonces eso se llama democracia.”
La democracia es el mejor sistema para vivir en sociedad.
Pero para que esa sociedad evolucione, en todos los aspectos, al sistema democrático hay que alimentarlo permanentemente con contenidos y valores humanos e institucionales.
Si no lo hacemos, y pensamos que la democracia es una especie de vegetal que, -por fotosíntesis-, es capaz de convertir por si misma la energía inanimada en vida, nunca llegaremos a vivir en una república, que es la aplicación plena del régimen democrático.
A casi un cuarto de siglo del retorno a la forma de gobierno, que Lincoln definió como: “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, veo con tristeza, que aquella luz de esperanza que significaba la democracia que surgía después de padecer la noche mas negra de la historia Argentina, hoy involucionó en el despotismo, que es la forma de gobierno en el cual una o pocas personas mandan con poder absoluto.
Y en este retroceso institucional hay culpables y responsables. Los primeros son los políticos; los segundos, nosotros, el siempre convalidante Pueblo Argentino.
El magnicidio se entiende como el asesinato de un líder. La muerte física de un Presidente es el más común.
Cómo ocurre en casi todo, en la Argentina aplicamos una variante de ese crimen, que yo llamo “institucidio”. El que, -siempre-, llevan a cabo los políticos gobernantes.
Hagamos memoria.
Los integrantes de las Fuerzas Armadas que ordenaron perpetrar o cometieron aberrantes violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, merecen el castigo mas duro.
A esos genocidas, la Justicia los condenó.
Pero la Política los liberó.
Podrán poner como atenuante lo que quieran, pero, en la práctica, para la vida de nuestra democracia republicana en construcción, las leyes de obediencia debida y punto final, y los indultos, fueron magnicidios institucionales.
Mataron la esencia de la Justicia aplicada.
Y hoy, observamos otra forma de “institucidio”. En este caso contra la Constitución Nacional.
El Poder Ejecutivo, -quien por esas rarezas de la política Argentina, mientras cumplía el quinto año de un crecimiento a récord mundial, el Congreso seguía otorgándole facultades absolutas a través de la ley de emergencia económica-, viola la carta magna de la nación al resolver sobre política tributaria, atribución exclusiva e indelegable del Poder Legislativo.
Las retenciones, fijas o móviles, son inconstitucionales, porque no fueron impuestas por Ley. Y las leyes, las sanciona la legislatura, no el ejecutivo.
Es cierto que el oficialismo está en condiciones de aprobarlas por Ley, si el Senado imita al voto partidario de Diputados.
Pero si ocurre eso, surge algo muy importante: Las leyes no son de aplicación retroactiva.
Por consiguiente, si el próximo miércoles se aprueba esa Ley, todo el dinero que se ha cobrado por retenciones durante estos años, -y hasta el 16 de julio próximo incluido-, debería ser devuelto a los chacareros.
Esta Ley, legitima el cobro confiscatorio para adelante, pero, al mismo tiempo, convierte en ilegal lo que se retuvo antes.
Este no es un dato menor.
Y, si las entidades del campo se dan cuenta de ello, motivaría otra puja legal, en la cual, si el Poder Judicial se pronuncia a favor, puede darse el caso de que, aún cobrando las retenciones móviles, la devolución de lo confiscado ilegítimamente neutralice el efecto recesivo de la resolución 125.
Es muy triste ver como los legisladores del Interior, -incluido un diputado de Tres Arroyos-, festejan la sanción de una Ley que destruirá las economías regionales, como la nuestra.
Cada vez que los concejales, diputados y senadores, -provinciales o nacionales-, legislan privilegiando lo partidario por sobre el bienestar general, puede o no que estén incurriendo en el delito administrativo del presunto incumplimiento en los deberes de funcionario público; pero, de seguro, que al hacerlo, cometen un crimen institucional en perjuicio de la esencia misma de la democracia republicana.
Que Dios, la Patria, y el Pueblo, se lo demanden.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
“La república, verdaderamente llamada así, existe si todo el pueblo participa del poder supremo; pero de modo tal que las mayores magistraturas se encomienden a cada uno según su virtud y mérito.
Pero cuando los cargos de un Estado se reparten por elección sin discernimiento profundo, y llegan todos, -buenos y malos-, al poder, entonces eso se llama democracia.”
La democracia es el mejor sistema para vivir en sociedad.
Pero para que esa sociedad evolucione, en todos los aspectos, al sistema democrático hay que alimentarlo permanentemente con contenidos y valores humanos e institucionales.
Si no lo hacemos, y pensamos que la democracia es una especie de vegetal que, -por fotosíntesis-, es capaz de convertir por si misma la energía inanimada en vida, nunca llegaremos a vivir en una república, que es la aplicación plena del régimen democrático.
A casi un cuarto de siglo del retorno a la forma de gobierno, que Lincoln definió como: “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, veo con tristeza, que aquella luz de esperanza que significaba la democracia que surgía después de padecer la noche mas negra de la historia Argentina, hoy involucionó en el despotismo, que es la forma de gobierno en el cual una o pocas personas mandan con poder absoluto.
Y en este retroceso institucional hay culpables y responsables. Los primeros son los políticos; los segundos, nosotros, el siempre convalidante Pueblo Argentino.
El magnicidio se entiende como el asesinato de un líder. La muerte física de un Presidente es el más común.
Cómo ocurre en casi todo, en la Argentina aplicamos una variante de ese crimen, que yo llamo “institucidio”. El que, -siempre-, llevan a cabo los políticos gobernantes.
Hagamos memoria.
Los integrantes de las Fuerzas Armadas que ordenaron perpetrar o cometieron aberrantes violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, merecen el castigo mas duro.
A esos genocidas, la Justicia los condenó.
Pero la Política los liberó.
Podrán poner como atenuante lo que quieran, pero, en la práctica, para la vida de nuestra democracia republicana en construcción, las leyes de obediencia debida y punto final, y los indultos, fueron magnicidios institucionales.
Mataron la esencia de la Justicia aplicada.
Y hoy, observamos otra forma de “institucidio”. En este caso contra la Constitución Nacional.
El Poder Ejecutivo, -quien por esas rarezas de la política Argentina, mientras cumplía el quinto año de un crecimiento a récord mundial, el Congreso seguía otorgándole facultades absolutas a través de la ley de emergencia económica-, viola la carta magna de la nación al resolver sobre política tributaria, atribución exclusiva e indelegable del Poder Legislativo.
Las retenciones, fijas o móviles, son inconstitucionales, porque no fueron impuestas por Ley. Y las leyes, las sanciona la legislatura, no el ejecutivo.
Es cierto que el oficialismo está en condiciones de aprobarlas por Ley, si el Senado imita al voto partidario de Diputados.
Pero si ocurre eso, surge algo muy importante: Las leyes no son de aplicación retroactiva.
Por consiguiente, si el próximo miércoles se aprueba esa Ley, todo el dinero que se ha cobrado por retenciones durante estos años, -y hasta el 16 de julio próximo incluido-, debería ser devuelto a los chacareros.
Esta Ley, legitima el cobro confiscatorio para adelante, pero, al mismo tiempo, convierte en ilegal lo que se retuvo antes.
Este no es un dato menor.
Y, si las entidades del campo se dan cuenta de ello, motivaría otra puja legal, en la cual, si el Poder Judicial se pronuncia a favor, puede darse el caso de que, aún cobrando las retenciones móviles, la devolución de lo confiscado ilegítimamente neutralice el efecto recesivo de la resolución 125.
Es muy triste ver como los legisladores del Interior, -incluido un diputado de Tres Arroyos-, festejan la sanción de una Ley que destruirá las economías regionales, como la nuestra.
Cada vez que los concejales, diputados y senadores, -provinciales o nacionales-, legislan privilegiando lo partidario por sobre el bienestar general, puede o no que estén incurriendo en el delito administrativo del presunto incumplimiento en los deberes de funcionario público; pero, de seguro, que al hacerlo, cometen un crimen institucional en perjuicio de la esencia misma de la democracia republicana.
Que Dios, la Patria, y el Pueblo, se lo demanden.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
sábado 5 de julio de 2008
PRESIDENCIALISMO PARTIDISTA
El hecho de que el Poder Ejecutivo Nacional haya enviado al Congreso el proyecto de retenciones móviles, -que desconociendo las atribuciones que la Constitución fija a cada poder, impuso en forma unilateral-, hizo que el apagado Poder Legislativo Federal surgiera a escena como actor protagónico.
Y el problema de salir al escenario a ser protagonista, después de tanto tiempo actuando como extra, es que se blanquea la calidad interpretativa de esos actores.
Ahora, veamos como funciona o debería funcionar el Congreso, según lo expresado en la Constitución Nacional.
La Cámara de Diputados se compondrá de representantes elegidos directamente por el pueblo de las provincias y de la Capital.
A esta Cámara, llamada Baja, corresponde exclusivamente la iniciativa de las leyes reclutamiento de tropas y contribuciones.
El Senado se compondrá de tres senadores por cada provincia y tres por la ciudad de Buenos Aires.
El vicepresidente de la Nación será presidente del Senado; pero no tendrá voto sino en el caso que haya empate en la votación.
A esta Cámara, denominada Alta, corresponde juzgar en juicio público a los acusados por los Diputados, y autorizar al presidente de la Nación para que declare en estado de sitio uno o varios puntos de la República en caso de conmoción interior o ataque exterior.
Las funciones en conjunto de nuestra primera legislatura son básicamente las de legislar y promover todo tipo de medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por la Constitución de la Nación.
Las leyes pueden tener principio en cualquiera de las Cámaras, por proyectos presentados por sus miembros o por el Poder Ejecutivo, salvo las excepciones que establece la Constitución. Aprobado un proyecto de ley por la Cámara de su origen, pasa para su discusión a la otra Cámara.
Sancionado por ambas, pasa al Poder Ejecutivo de la Nación para su examen; y si también obtiene su aprobación, lo promulga como ley.
Atendiendo la responsabilidad representativa mayoritaria, vaciada de contenido al privilegiar la disciplina partidaria por sobre las convicciones institucionales, uno se pregunta si no sería mejor tener una legislatura unicameral, en vez de una bicameral?
Tendríamos un Congreso mucho más ágil y menos costoso.
Pero lo que mas preocupa, y que motiva el título de esta editorial, es la forma de gobierno de la Argentina actual, que, según la Constitución Nacional, debería ser representativa, republicana y federal.En los hechos, solo es representativa desde el punto de vista del ejercicio del poder basado en el número de electores que consiguió.
De republicana tiene bastante poco y en cuanto a lo federal, menos.Pero a esto debe sumarse la característica político-institucional del ejecutivo en la Argentina.
Se la llamo Presidencialista, e implica una imposición por sobre los otros poderes, con tendencia a desconocer, condicionar o anexionar a los otros dos, el Judicial y el Legislativo.
Y a este rasgo de autoritarismo institucional debe adicionarse una condición que, si bien tiene antecedentes, hoy se produce como nunca antes, y es la dependencia del ejecutivo nacional a su partido político.
Hoy el Gobierno Argentino es Presidencialista Partidario.
Y en este punto nos preguntamos, no habrá llegado la hora de cambiar también eso, y copiar de los países exitosos, donde el parlamentarismo marque el rumbo de la política consensuada y que el primer ministro deba demostrar eficiencia, rindiendo examen permanentemente, y no cada cuatro años?
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
Y el problema de salir al escenario a ser protagonista, después de tanto tiempo actuando como extra, es que se blanquea la calidad interpretativa de esos actores.
Ahora, veamos como funciona o debería funcionar el Congreso, según lo expresado en la Constitución Nacional.
La Cámara de Diputados se compondrá de representantes elegidos directamente por el pueblo de las provincias y de la Capital.
A esta Cámara, llamada Baja, corresponde exclusivamente la iniciativa de las leyes reclutamiento de tropas y contribuciones.
El Senado se compondrá de tres senadores por cada provincia y tres por la ciudad de Buenos Aires.
El vicepresidente de la Nación será presidente del Senado; pero no tendrá voto sino en el caso que haya empate en la votación.
A esta Cámara, denominada Alta, corresponde juzgar en juicio público a los acusados por los Diputados, y autorizar al presidente de la Nación para que declare en estado de sitio uno o varios puntos de la República en caso de conmoción interior o ataque exterior.
Las funciones en conjunto de nuestra primera legislatura son básicamente las de legislar y promover todo tipo de medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por la Constitución de la Nación.
Las leyes pueden tener principio en cualquiera de las Cámaras, por proyectos presentados por sus miembros o por el Poder Ejecutivo, salvo las excepciones que establece la Constitución. Aprobado un proyecto de ley por la Cámara de su origen, pasa para su discusión a la otra Cámara.
Sancionado por ambas, pasa al Poder Ejecutivo de la Nación para su examen; y si también obtiene su aprobación, lo promulga como ley.
Atendiendo la responsabilidad representativa mayoritaria, vaciada de contenido al privilegiar la disciplina partidaria por sobre las convicciones institucionales, uno se pregunta si no sería mejor tener una legislatura unicameral, en vez de una bicameral?
Tendríamos un Congreso mucho más ágil y menos costoso.
Pero lo que mas preocupa, y que motiva el título de esta editorial, es la forma de gobierno de la Argentina actual, que, según la Constitución Nacional, debería ser representativa, republicana y federal.En los hechos, solo es representativa desde el punto de vista del ejercicio del poder basado en el número de electores que consiguió.
De republicana tiene bastante poco y en cuanto a lo federal, menos.Pero a esto debe sumarse la característica político-institucional del ejecutivo en la Argentina.
Se la llamo Presidencialista, e implica una imposición por sobre los otros poderes, con tendencia a desconocer, condicionar o anexionar a los otros dos, el Judicial y el Legislativo.
Y a este rasgo de autoritarismo institucional debe adicionarse una condición que, si bien tiene antecedentes, hoy se produce como nunca antes, y es la dependencia del ejecutivo nacional a su partido político.
Hoy el Gobierno Argentino es Presidencialista Partidario.
Y en este punto nos preguntamos, no habrá llegado la hora de cambiar también eso, y copiar de los países exitosos, donde el parlamentarismo marque el rumbo de la política consensuada y que el primer ministro deba demostrar eficiencia, rindiendo examen permanentemente, y no cada cuatro años?
Hasta la próxima.
Marcelo N. Mouhapé Furné.
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